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martes, 12 de agosto de 2014

La juventud que no miramos. Los jóvenes excluidos en el Siglo XXI

Prólogo
El presente ensayo tiene como objetivo poner una mirada crítica hacia el sector que hoy ocupan los JÓVENES, la llamada JUVENTUD. Como es de suponer, hoy por hoy mucho se puede hablar de ambas categorías, muchos estudios hay sobre la temática desde las ciencias sociales y el presente ensayo tratará de abordar la temática desde varios campos de las ciencias sociales. Muchas problemáticas quedaron fuera del presente trabajo y que podrán ser consultadas en otros trabajos e investigaciones.
Quiero resaltar que la intencionalidad de este ensayo es iluminar algunas de las tantas problemáticas que hoy recaen sobre los jóvenes. Quisiera que este trabajo sirva para debatir, reflexionar, repensar que mundo, que país y que sociedad estamos construyendo para el presente y el futuro de nuestros jóvenes.
Hace algún tiempo atrás llegó hasta mis manos la Declaración del Congreso de SUTEBA (de febrero de 2005) que tomé como disparador para abordar gran parte de este trabajo, en uno de sus párrafos la Declaración decía lo siguiente:
"La masacre de Cromagnon, así como los asesinatos de Budge y de la comisaría de Quilmes, la tragedia de Patagones, las víctimas del gatillo fácil, los cien pibes que mueren por día por causas evitables, entre otros emergentes, muestran tanto la crisis de un sistema para el cual la vida humana no tiene valor, particularmente la de los jóvenes, y de un estado cómplice y corrupto, presente a la hora de defender los grandes intereses económicos y ausente a la hora de dar respuesta a los derechos populares. Estos hechos que conmueven a los argentinos no son producto de la fatalidad, sino la confluencia de causas, que para ser revertidas nos comprometen a construir más organización para producir transformaciones políticas, culturales, legales (...) La impunidad es el principal obstáculo para modificar esta realidad, por ello debemos seguir movilizándonos para exigir juicio y castigo a todos los responsables y demandar políticas públicas que garanticen un presente y un futuro distintos para nuestros niños y jóvenes, es la lucha por un país con justicia , y derechos para todo nuestro pueblo" (el subrayado es mío)
De este párrafo, más que significativo, subrayé algunos conceptos que creo claves y que desde el ensayo intenté desarrollar, indagar y criticar como ser: "la vida humana no tiene valor, particularmente la de los jóvenes"; "Estado cómplice y corrupto"; "fatalidad"; "causas"; "impunidad"; "movilización"; "políticas públicas que garanticen un presente y un futuro distintos"; "justicia"; "derechos".
La gran mayoría de estos conceptos están directamente vinculados a los efectos que produjeron las políticas neoliberales aplicadas desde la última dictadura y a lo largo de la restitución democrática, sobre todo bajo los gobiernos de Menem y De la Rúa, y que podemos afirmar que aún hoy continúan.
Es por eso que a la hora de hacer un análisis sobre el sector de los jóvenes, o la juventud, se hace necesario e imprescindible mencionar como repercutieron los efectos del modelo socioeconómico neoliberal. Un modelo que intensificó la concentración de la riqueza, sumergió a casi el 50% de la población del país en la pobreza y a más del 20% directamente en la indigencia.
Un dato más que impactante y que resume los efectos de este modelo es, según el último censo, en la provincia de Buenos Aires, casi el 75% de los jóvenes se encuentra por debajo de la línea de pobreza, y las cifras a nivel nacional hablan de que 6 de cada 10 jóvenes son pobres.
La destrucción del tejido social también incidió directamente en el modo de vivir de los jóvenes, en la cultura que los rodeaba y que a su vez, atravesadas por el deterioro social producido en sus vidas, contribuyeron a crear una nueva "cultura", creando nuevas representaciones sociales, que también el poder hegemónico y sus voceros, los medios masivos de comunicación, contribuyeron a exacerbar. Sin embargo, después del mediático caso Blumberg, éstos mismos medios de comunicación instalaban el discurso "los jóvenes son peligrosos", homologando adolescencia pobre con delincuencia e inseguridad, estigmatizando aún más a los jóvenes.
A los largo del ensayo trataré de bucear en algunos puntos que creo que determinantes para sacar algunas conclusiones con respecto a esta temática. Como dije anteriormente, habrá puntos que no trataré en detalle, creo igualmente que los puntos aquí tratados merecen nuestra atención para tomar cartas en el asunto.
Gustavo Racovschik
Enero 2006
 I.            Introducción
II.            La segunda mitad del siglo XIX será, en los países centrales europeos (Francia, Inglaterra y mas tarde Alemania), la consolidación definitiva de la clase burguesa como clase hegemónica. En esta etapa histórica, las clases medias, que en períodos anteriores no se habían identificado plenamente con la burguesía, comienzan a adoptar estilos de vida de la clase triunfante. Por aquel entonces, las clases medias estaban integradas por los hombres de negocios, funcionarios estatales o las profesiones liberales (abogados, contadores, médicos, etc.).
Es por ésta época, que en países de crecientes economías como Gran Bretaña, surge la categoría Juventud, identificando bajo esta categoría a un grupo de individuos que están en la edad entre la adolescencia y el matrimonio.
Las clases medias de aquel entonces buscaban emparentarse mas con la triunfante burguesía y sus modos de vida y separarse los más posible de los sectores populares, los cuales, a su vez, también pugnaban por ascender en la escala social. Es de esta manera que quienes pertenecían o querían pertenecer a la clase media tenían debían distinguirse de los sectores populares, en su mayoría obreros y campesinos. Según Hobsbawm, las clases medias utilizaron tres criterios para diferenciarse: "Uno de esos criterios era adoptar una forma de vida y una cultura de clase media; otro criterio era la actividad del tiempo de ocio y especialmente la nueva práctica del deporte; pero el principal indicador de pertenencia social comenzó a ser, y todavía lo es, la educación formal".
Para los jóvenes de clase media, el acceso a la educación formal era una manera de posponer su ingreso al mercado de trabajo, significaba ascenso social, el ingreso a los negocios, tener mas tiempo para el ocio, era una condición esencial de status. La educación separaría a los jóvenes de las clases medias y altas de los jóvenes de las clases trabajadoras y campesinas. "La educación secundaria hasta los 18 años se generalizó entre las clases medias, seguida normalmente por una enseñanza universitaria o una preparación profesional elevada (...) La escuela era la escala que permitía seguir ascendiendo a los hijos de los miembros de las capas medias. En cambio, muy pocos hijos de campesinos, y menos todavía de trabajadores, podían llegar a esos peldaños" sentencia Hobsbawm. Es decir, la categoría JUVENTUD tiene su surgimiento en un determinado contexto histórico, económico, social y cultural. Esto coincide con lo que, más adelante, expresará Sergio Balardini, "jóvenes hubo siempre, pero juventud no".
Más de 150 años después de aquel momento, las diferencias que separan a los jóvenes de clases medias y altas de los jóvenes de las clases subalternas se han hecho más profundas, convirtiendo a los jóvenes de las clases subalternas en excluidos o marginados sociales, dado que, hoy por hoy, éstos jóvenes tienden a convivir con realidades como pobreza, menor escolaridad, menor acceso a oportunidades laborales, mayor chance de sufrir explotación laboral o el desempleo, alcoholismo y/o drogadicción, prostitución, violencia doméstica, dificultades en la familia y en la escuela entre otras tantas problemáticas; problemáticas éstas que las que difícilmente un joven de clase media o alta atraviese.
Paradójicamente, y a pesar de la clara diferenciación entre los jóvenes de las clases media y alta y los jóvenes de las clases subalternas, bajo la categoría de Juventud se suele homogeneizar a toda una franja de adolescentes, por el mero hecho de cumplir algunos requisitos de orden biológico o cronológico, sin atender las particularidades.
Creí conveniente que este primer punto haga referencia a las distintas miradas, posiciones o argumentaciones que se dan en torno a los conceptos de Jóvenes y de Juventud, sobre todo porque existen divergencias entre las posiciones que adoptan instituciones como la UNESCO y especialistas dedicados al tema, y que tiene que ver preponderantemente a la posición social que ocupa el joven, y en que generalmente se tiende a homogeneizar al sector Juventud.
A lo largo del ciclo de la vida humana, la juventud ha sido identificada como una fase etárea intermedia, la transición de la adolescencia a la vida adulta. Ésta fase etárea, también es identificada, generalmente, como la de dependencia económica y asociada a la educación y a la formación, próxima a la constitución de una vida familiar y profesional propia. También en ocasiones, la juventud es vista como un estado del espíritu, del cuerpo, como un signo de salud y disposición; pero a la vez, es también un consumidor, una franja del mercado que todos quieren incluir.
La juventud podría entonces emparentarse con todo el período de la adolescencia hasta la entrada en la vida adulta, sin embargo la adolescencia es más que una etapa o un estadio del desarrollo cognitivo o biológico, sino que además es el momento mas importante de la constitución de subjetividad desde la pubertad; esta etapa está marcada también por la irrupción de la sexualidad, en su vertiente de la genitalidad. Esta etapa es acompañada por importantes cambios corporales, tanto en el hombre como en la mujer y es la etapa cuando los adolescentes/jóvenes comienzan a identificarse con tal o cual gusto (sexual, musical, artístico, etc) que lo llevan a vestir nuevos ropajes, lucir nuevos peinados, tatuar o agujerear partes de su cuerpo. Hábitos que proponen distintas y cambiantes identificaciones -"soy esto" o "soy lo otro"- donde cada identificación supone modos de relación con los otros, conductas, códigos de lenguaje, gustos musicales, de los que el joven se apropia.
Desde una mirada institucional, la UNESCO define a la juventud como "un período que se da entre la infancia y la edad adulta". El marco cronológico de juventud es definido por la UNESCO como "el período de la vida que va desde los 15 años a los 25 años incompletos", o sea, al completar los 25 años la persona deja de ser joven.
Ahora veamos que opinan los especialistas. Según Cecilia Braslavsky "...la etapa juvenil es considerada, habitualmente, como el período que va desde la adolescencia (cambios corporales, relativa madurez sexual, etc.) hasta la independencia de la familia, la formación de un nuevo hogar, la autonomía económica; éstos serían los elementos que definen la condición de adulto. Un período que combina una considerable madurez biológica con una relativa inmadurez social. La juventud se convertiría como en una especie de transición hacia la edad adulta..."
Sin embargo, esta autora sostiene que "existe en la sociedad el mito de identificar a los jóvenes con algunos de ellos, una especie de juventud homogénea" o también " el mito de la igualdad de oportunidades con que cierto discurso intenta unificar la condición para todo aspirante a participar plenamente de la vida colectiva, aunque provengan de mundos sociales extremadamente diversos. Así, todo joven se encontraría en igualdad de oportunidades para recibir los conocimientos e incorporar las aptitudes que lo transformarán en productor y lo formarán como ciudadano..."
Para Mario Margulis, el tema de la juventud se complica cuando "...ésta no se refiere solo a un estado, una condición social o una etapa de la vida, sino que es vista como un producto...", y agrega que "...la juventud aparece entonces como un valor simbólico asociado con rasgos apreciados ?sobre todo por la estética dominante-, lo que permite comercializar sus atributos (o sus signos exteriores), multiplicando la variedad de mercancías ?bienes y servicios- que impactan directa o indirectamente sobre los discursos sociales que la aluden y la identifican".
En ocasiones, se suele hablar de juventud y hacer referencia a lo generacional, como que los jóvenes son "generacionalmente iguales" según la edad de nacimiento. Mario Margulis hace el siguiente aporte con respecto a este punto: "la generación, más que a la coincidencia en la época de nacimiento, remite a la historia, al momento histórico en que se ha sido socializado. La generación no es una simple coincidencia en la fecha de nacimiento, sino una verdadera hermandad frente a los estímulos de una época, una simultaneidad en proceso que implica una cadena de acontecimientos de los que se puede dar cuenta en primera persona, como actor directo...".
Otro aporte a la cuestión generacional lo hace el sociólogo Jorge Elbaum que nos dice que "Homogeneizar a los distintos grupos juveniles sobre la base de una pertenencia generacional suele ser una falacia analítica habitual. Dicha clasificación suele estar guiada mas por los datos que el sentido común brinda que por el resultado de un auténtico relevamiento sociológico. Considerar la dimensión etaria como un dato explicativo de percepciones y prácticas regulares termina funcionando en la investigación como obstáculo epistemológico que impide comprender la influencia de otros factores ?como la clase social, el género y las pertenencias étnicas y culturales- que en ocasiones terminan siendo más importantes que la tenencia de una edad determinada".
Por último, veamos la opinión de Sergio Balardini: "...jóvenes hubo siempre, pero juventud no, aunque parezca extraño, la idea de juventud está íntimamente ligada a los roles históricos de los distintos grupos etáreos y sociales...", y agrega que "...la juventud como tal (no los jóvenes) es un producto histórico resultado de relaciones sociales, relaciones de poder, relaciones de producción que generan este nuevo actor social. La juventud es un producto de la sociedad burguesa, de la sociedad capitalista, antes la juventud no existía; uno podía decir que jóvenes hubo siempre mientras que juventud no, la juventud como fenómeno social en los términos occidentales que hoy la comprendemos, es un producto histórico que deviene de las revoluciones burguesas y del nacimiento y desarrollo del capitalismo".
Después de analizar las distintas miradas sobre los conceptos de Jóvenes o Juventud, parece quedar claro que éstos conceptos no pueden quedar aislados, sin tener en cuenta las variables económicas, políticas, sociales y culturales que ocupan los jóvenes en la sociedad del siglo XXI. Asimismo, se debe desnaturalizar la categoría juventud, para tomarla en su historicidad. Son arbitrarios culturales y reglas socialmente construidas las que determinan en que momento o por medio de que rituales se pasa de una etapa a la otra, de esta manera, varían las edades cronológicas.
En las sociedades del siglo XXI, los jóvenes son presas de una gran contradicción producto del sistema capitalista imperante y es que los jóvenes de sectores medios y altos generalmente tienen la oportunidad de estudiar, de postergar su ingreso a las responsabilidades de la vida adulta: se casan y tiene hijos mas tardíamente, gozan de un período de menor exigencia, de un contexto social protector que hace posible la emisión, durante períodos más amplios, de los signos sociales de lo que generalmente se llama juventud. En cambio, los jóvenes, integrantes de las clases subalternas, tienen acotadas sus posibilidades de acceder a la moratoria social por la que se define la condición de juventud; no suele estar a su alcance el lograr ser joven de las formas normales: deben ingresar al mercado de trabajo tempranamente ?a trabajos mas duros y menos atractivos-, suelen contraer a menor edad obligaciones familiares (casamiento o unión temprana, consolidada por los hijos). Carecen del tiempo y del dinero (moratoria social) para vivir un período mas o menos prolongado con relativa despreocupación y ligereza.
Podemos afirmar entonces que en la actual coyuntura que vive nuestro país, que será analizado en el siguiente punto, no se puede hablar de jóvenes o de juventud de manera uniforme, ya que éstos conceptos guardan una estrecha relación con las condiciones políticas, sociales, económicas, culturales y hasta jurídicas en que se encuentran los individuos insertados dentro de éstos conceptos. Por lo que sería necesario revisar este "período de transición" denominado juventud.
III.            A quiénes llamamos "Jóvenes" o, qué es la "Juventud"?
IV.            Cómo surge la exclusión? Los jóvenes y el mercado de trabajo
Es preciso puntualizar el inicio de un nuevo modelo estructural a mediados de los años ´70, momento en que el Golpe Militar de 1976 inauguró un proceso de acumulación basado en la valorización financiera del capital y en el desmonte de las instituciones de bienestar. Por otro lado, a partir de entonces da comienzo un importante deterioro de la ciudadanía democrática, que se explica desde dos factores: la profundización de los cambios regresivos en la estructura social, y el reforzamiento de esa tendencia a través de las políticas neoliberales de ajuste económico y flexibilización laboral con la implantación de un Estado mínimo.
Las paulatinas reformas del Estado en la década del ´90 estableció el retiro de la intervención estatal del plano económico y social ?requisito necesario para implementar la apertura económica que afectó negativamente al mercado interno- y, por otro lado, el desmonte definitivo de las instituciones del Estado de Bienestar, indispensable para reducir la presión impositiva sobre los grandes capitales ?base de la demanda de achicamiento del gasto público- y que fue acompañada por la flexibilidad de las relaciones salariales, hicieron crecer sostenidamente los índices de pobreza, indigencia y desocupación.
En esta década se produjo un profundo deterioro del mercado de trabajo, que trajo aparejado la inestabilidad laboral de los trabajadores y una fuerte disminución de los ingresos. Uno de los resultados principales de la política económica aplicada por éstos años fue la modificación negativa en la distribución del ingreso, que colocó a la Argentina entre los primeros 15 países del mundo que exhiben la distribución más injusta; mientras que en lo que se refiere a los países de economías con niveles de vida relativamente altos, nuestro país se ubica entre los que exhiben mayor desigualdad social. De ésta manera, el crecimiento económico de unos pocos se ha conseguido gracias al deterioro de las condiciones de vida de la mayoría.
A mediados de los ´90, en nuestro país comenzaron a sucederse grandes protestas y conflictos sociales, principalmente ante el cierre de fuentes de trabajo y la llegada de empresas extranjeras, vía privatizaciones, a lo que el Estado argentino respondió con la ampliación de su esfera penal. De ésta forma, se criminalizaba la pobreza creciente, pues al no pretender modificar las causas que provocaban la exclusión social, reaparecen las políticas punitivas como complemento del orden de acumulación que se intenta preservar.
Entonces, el Estado argentino ha respondido sucesivamente al problema de la creciente pobreza con una política de "oídos sordos" a los reclamos populares. Simultáneamente a esta sordera, dio paso a una estrategia de lucha contra la inseguridad urbana apelando a un discurso de "mano dura". Con el criterio de "balas para los delincuentes", lamentable frase esgrimida por el ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Carlos Ruckauf, el Estado provincial "criminalizaba la miseria". Este criterio asocia en los universos simbólicos a la pobreza con el delito; e identifica a: los pobres, los de piel morena, los mal vestidos, los que hablan mal, los obreros desocupados, los cartoneros, los piqueteros, los que mendigan como los enemigos de la "sociedad civilizada".
Las clases dominantes y sus portavoces, los medios de comunicación de masas, asocian pobreza y violencia, y a esta con la ignorancia, ya que esta es una manera de circunscribir a la violencia que existe en toda la sociedad.
La creciente pobreza en nuestro país repercutió en los niños, adolescentes y jóvenes con mayor incidencia que en el resto de la población. Este fenómeno tiene entre sus causas fundamentales la creciente desocupación y escasez de los ingresos de los adultos, como así también una creciente pauperización de los sectores de la clase media.
La apertura de la economía, el ajuste estructural, las privatizaciones y el achicamiento del Estado, y su impacto sobre las tecnologías productivas, se han reflejado en el mercado de trabajo a través de la agudización de la segmentación, la creciente precarización de las condiciones de trabajo y el alto desempleo, fenómenos que, afectan fuertemente a los jóvenes. A ello, se suma que los requisitos para ingresar a un empleo son cada vez mayores, para conseguir un empleo mas o menos bien remunerado, los requisitos mínimos son de escolaridad media completa.
Sin embargo, la posibilidad de encontrar un empleo "bien remunerado" y encima dentro del "mercado formal" son escasas, además, con la implementación de nuevas leyes laborales, se contempla varios tipos de contratos temporarios, especialmente dirigidos a los jóvenes. La investigadora del CONICET, Claudia Jacinto sostiene que "todo parecería indicar que para ser empleable, un joven debe tener un título de nivel medio, aceptar condiciones precarias de trabajo y contratación, y poseer ciertas características personales e interactivas como responsabilidad individual, autonomía y auto-organización de la tarea, adaptabilidad a los cambios, predisposición al aprendizaje permanente y buen trato".
En este contexto socio-laboral en el que son estrechas las posibilidades de acceso al empleo para todos los jóvenes, la situación se torna mucho más difícil para los jóvenes de las clases populares.
Paulatinamente, junto con el incremento de la pobreza, comenzaron a sucederse diversas estrategias de supervivencia familiar, donde muchas veces, los niños, adolescentes y jóvenes, constituyen un eslabón muy importante en la captación familiar de recursos, a través del desarrollo de distintas actividades, por ejemplo:
a.       Trabajando en la calle, donde básicamente venden mercancías de paso, limpian vidrios de automóviles, practican distintas formas de mendicidad o cuidan a sus hermanos mas pequeños mientras sus madres también mendigan.
b.      Ejercen la responsabilidad del cuidado del hogar, generalmente las jóvenes, haciéndose cargo de los hermanos mas chicos, mientras los padres se encuentran generando recursos fuera del hogar.
c.       Trabajan junto a sus padres o alguno de ellos trabajan en actividades autónomas marginales, como por ejemplo el cartoneo.
d.      Se ven involucrados en situaciones tipificadas como delitos.
Todas estas situaciones, implican casi necesariamente la desescolarización, la pérdida de oportunidades futuras y daño emocional. A estas realidades, podríamos agregarle el deterioro del sistema educativo (del que nos referiremos mas adelante) y los servicios de salud y asistenciales, por lo que, niños, adolescentes y jóvenes quedan excluidos también de éstos servicios, que el Estado debería garantizarlos.
Según UNICEF, en la Argentina, siete de cada diez niños son pobres, y en las provincias del Noroeste y el Noreste, la situación recrudece: tres de cada cuatro niños son pobres y uno de cada tres es indigente. Una muestra realizada por el INDEC en 28 conglomerados urbanos durante el segundo semestre de 2003 (hace sólo dos años) estableció que el 76,8% de los hogares era considerado "pobre" y solo el 23,2% "no pobre", en la actualidad, aunque pareciera que las cifras han descendido, la brecha sigue siendo muy grande. Esto significa que ocho de cada diez hogares no alcanzaban a cubrir sus gastos de alimentos, ropa, educación y servicios. A su vez, cuatro de cada diez de éstos hogares fue considerado indigente. Esto es: no alcanzaban a cubrir los gastos de alimentación.
El agravamiento de las desigualdades y la descomposición social que conlleva, hipoteca el futuro de los jóvenes. Así las oportunidades laborales y educativas de los jóvenes han seguido declinando.
Los jóvenes de hogares pobres se encuentran prácticamente condenados al trabajo como una de las pocas condiciones de movilidad social. Por eso, al ingresar al mercado de trabajo, ocupan los lugares de menor remuneración y casi siempre conjugadas con posiciones de subordinación en el interior de la jerarquía del trabajo. Por el contrario, los jóvenes hijos de clase media y alta, que poseen en general las posibilidades de financiar y sostener la inactividad de sus hijos y así, postergan su ingreso al mercado de trabajo. De esta manera, terminan por tener acceso a mejores lugares laborales, con mayor remuneración y en puestos mas jerarquizados.
La crisis del trabajo cae sobre la juventud diferenciadamente cuando es analizado desde el punto de vista de una sociedad de clases, una vez que para el joven hijo de padres pobres parece haber mayor presencia de un contexto de violencia, en cuanto al joven hijo de padres de clase media o alta tiende a estar asociado a la emigración internacional
Después de los expuesto, tenemos un panorama mas amplio en el cual, hoy por hoy, una gran cantidad de jóvenes crecen y se desarrollan, sumidos en la pobreza, la exclusión, la marginación, carentes de los servicios básicos de educación y salud, desprotegidos por el Estado y sus instituciones. Esto nos lleva a sostener que éstos jóvenes de sectores populares, no se insertan en las características por las cuales se definen comúnmente a los jóvenes, como así también que, teniendo en cuenta esta realidad, el llamado sector de la juventud no es uno solo y para todos iguales, no hay de ninguna manera una juventud homogénea.
 I.            La política educativa en la Argentina reconoce su origen institucional a fines del siglo XIX con la sanción de la Ley 1420 en 1884, que establece el sistema de educación pública, gratuita, obligatoria y laica. Desde sus comienzos, la política educativa ha sido una de las principales estrategias público-estatales tendientes a la integración social de la población, alcanzando hacia finales del siglo XX una cobertura casi universal en el nivel primario.
Durante la mayor parte del siglo pasado, la Argentina fue un país que sustentaba expectativas de movilidad social ascendente para las clases populares urbanas. El paso por el sistema educativo primero, y la inserción laboral posterior en un empleo estable, constituían un recorrido habitual o por lo menos plausible para la mayoría de los jóvenes de clase baja y media urbana. Pero todo ello ha pasado a ser historia para un sector importante de los jóvenes de hoy.
Los cambios productivos, tecnológicos y las nuevas demandas sociales, junto a la proyectada crisis del empleo, pusieron a mediados de los años 80 en la agenda la necesidad de encarar una reforma educacional integral. Al mismo tiempo, a partir de la descentralización de la educación básica y media se puso en juego la necesidad de darle un carácter federal a cualquier proyecto de reforma y a la política educativa en su conjunto.
En este marco, con el objeto de adecuar el sistema educativo a las nuevas condiciones "económicas y sociales", léase demandas del mercado, el gobierno nacional impulsó una reforma global del sistema educativo a principios de la década del 90, lo cual se logró en 1993 con la Ley Federal de Educación (Ley 24195) y la Ley de Educación Superior (Ley 24521).
A partir de la Ley Federal de Educación aumentó el período de obligatoriedad escolar de 7 años (nivel primario) a 10 años, debiendo transitar desde el preescolar hasta el Tercer Ciclo de Educación General Básica (EGB). De esta manera, los alumnos permanecen en el sistema educativo desde los 5 a los 14 años. Los dos primeros años del nivel secundario (de 5 años de duración) fueron asimilados por el tercer ciclo del EGB (de los 12 a los 14 años). Los años restantes pasaron a formar parte del nivel de educación Polimodal, con 3 años de duración no obligatorios (de los 15 a los 17 años).
Más de diez años después de la puesta en marcha de la Ley Federal de Educación, podemos afirmar que actualmente en nuestro país conviven 24 sistemas educativos distintos, dado que en muchas provincias la ley no se aplicó, en otras provincias se aplicó parcialmente y en otras se aplicó casi a rajatabla, como es el ejemplo de la Provincia de Buenos Aires.
Pese a la expansión educacional registrada en la Argentina en los últimos años, se han profundizado las desigualdades en las posibilidades de los jóvenes de diferentes estratos sociales de lograr un nivel de educación que les permita un cierto nivel mínimo de bienestar.
Actualmente, son muchos los jóvenes que sufren el rezago educacional, mucho más si son provenientes de hogares pobres o están vinculados a la economía informal. En este contexto, más del 40% de éstos jóvenes abandonan sus estudios. La realidad marca que el 95% de los niños entran en el nivel EGB pero sólo el 72% terminan. Sólo el 37% de los adolescentes que ingresan al Polimodal lo finalizan, y el dato mas destacado es que solo el 12% de los estudiantes llegan a finalizar el nivel universitario. En igual sentido, cabe observar que el 57% de los jóvenes de 20 a 24 años no supera el nivel de instrucción de sus padres, alcanzando un promedio de 9,5 años de escolaridad. Es aquí donde se manifiesta uno de los principales déficit educativos vinculados al mercado de trabajo.
Como señala el informe de SIEMPRO (2001), "la crónica insuficiencia de ingresos y el fracaso escolar son factores de presión sobre los hogares pobres para que envíen precozmente a sus miembros más jóvenes al mercado de trabajo, interrumpiendo de este modo su educación. Y una entrada al mercado de trabajo con una baja calificación es un factor de peso en la reproducción de la pobreza, ya que los coloca en las zonas más precarias y desprotegidas".
O sea, la exigencia de ingresar prontamente al mercado laboral para los jóvenes de clases populares los hace dejar sus estudios, lo que incide negativamente tanto en los logros educativos presentes, como en las posibilidades de conseguir un empleo adecuado en el futuro. Por lo que, los jóvenes de hogares de bajos recursos son los principales excluidos del modelo neoliberal. Cada vez más jóvenes no estudian, no trabajan, quedan fuera de la sociedad formal y se refugian en las estructuras "no visibles" de la pobreza, la delincuencia o la marginalidad.
El trabajo precoz en niños y jóvenes, o la escolaridad precaria o la ausencia de ella, son hechos que se correlacionan fuertemente, uno se explica por el otro, y también no pueden ser tomados linealmente, uno como solución del otro. Los jóvenes que tiene trabajo precoz o de baja calidad y remuneración, son los jóvenes que tienen poca escolaridad o de pésima calidad o están fuera de la escuela, y se hayan en esta condición por ser hijos de trabajadores en condiciones de vida precaria.
Eso nos muestra que la tesis de "empleabilidad" es falsa y cínica. Falsa porque la escuela no tiene capacidad de generar ni de garantizar el empleo. Esta tesis de la "empleabilidad" es solo una nueva forma de intensificar la explotación del trabajo.
Una ideología que aumenta su eficacia en la medida en que es efectiva en la interiorización o subjetivización de que el problema depende de cada uno y no de la estructura social o de las relaciones de poder. En la escuela de hoy, se trata de adquirir un "paquete de competencias" que el mercado reconoce como adecuadas para el nuevo "ciudadano productivo".
A partir de lo analizado en el punto anterior, es que pienso que el problema del empleo juvenil tiene que abordarse en primera instancia en el sistema educativo y su relación con el mundo del trabajo. El sistema educativo tiene una función central e indelegable en el proceso de adquisición por parte de los jóvenes de las capacidades y actitudes necesarias para una inserción dinámica en el mercado de trabajo. En los mercados modernos se está produciendo un cambio que exige una preparación cada vez mas avanzada para poder optar a los puestos de trabajo que emergen. Cambia el tipo de requerimiento y se pasa de los conocimientos especializados a las competencias generales.
Con ello se refuerza la necesidad de una mayor cobertura en educación primaria y secundaria para desarrollar las competencias básicas que constituyen el fundamento para la especialización. La mejora de la calidad es un desafío obligado; particularmente urgente para los jóvenes que provienen de hogares pobres que deben superar la desigualdad en el acceso a las oportunidades.
Son en su mayoría los jóvenes de sectores medios y bajos urbanos ?sometidos a un mayor empobrecimiento material y cultural- los que tienden a abandonar sus estudios, pasar al desempleo o aun empleo precario y, muchas veces, afectados por el desaliento, ingresar al mercado de actividades marginales.
Lo que vemos entonces, analizando el punto II y el punto III, es que, el trabajo y la educación entran en una radical contradicción, sobre todo si tenemos en cuenta que la mayor productividad del trabajo debería liberar mas tiempo libre para dedicarlo al estudio, sin embargo, en la fase del capitalismo actual, la exclusión es cada vez mas grande. O sea, crece el número de jóvenes que participan en trabajos o en actividades de distintos tipos como forma de ayudar a sus padres en el hogar y a la vez decrece el nivel de estudios obtenidos.
II.            Los jóvenes y el sistema educativo argentino
Si partimos de una diferenciación de los jóvenes según su condición social, hay tres instituciones (la familia, la escuela y el lugar de trabajo) que funcionan de modos distintos. Por ejemplo, para aquellos jóvenes de clase media o alta, "socialmente incluidos", la familia es el gran punto de apoyo en su travesía entre el mundo de la escuela y el mundo del trabajo.
Cuando ellos se procuran y se experimentan, la familia funciona como contención en los momentos críticos. Para los jóvenes de clases populares, "socialmente excluidos", cuando llega la adolescencia, es la familia la que precisa de ellos para que colaboren en la supervivencia del núcleo familiar.
Para los jóvenes "socialmente incluidos", la escuela es el centro de su vida. El buen desempeño escolar es todo lo que se espera de ellos en esta fase de la vida. En cambio, para los jóvenes amenazados de exclusión, la escuela es una presencia periférica y, asimismo, una ausencia efectiva en sus vidas. Para los jóvenes "incluidos", el trabajo es visto en términos de proyecto de vida, como orientación vocacional. Para los jóvenes excluidos, el trabajo se convierte en la herramienta por la supervivencia.
Para el conjunto de los jóvenes, mas allá de su condición social, la incesante búsqueda de referentes para la construcción de su identidad fuera de la familia, como parte de su proceso de individualización, se torna característico y es aquí, en este proceso, donde los medios masivos de comunicación, fundamentalmente la televisión, tiene su principal incidencia en la subjetividad de los jóvenes, en el sentido de crear referencias de identidad.
La formación para la identidad de los jóvenes se convierte en un proceso penoso y complicado. Las referencias positivas escasean o se mezclan con las negativas. Ropa, posturas e imágenes componen el lenguaje simbólico inseparable de los jóvenes. La identidad solo existe como espejo, y ese espejo es el obrar del otro, el reconocimiento de los otros.
Y en este complejo proceso de la adquisición de identidad de los jóvenes, existe el fenómeno del "mercado adolescente" o lo que es lo mismo, el adolescente, el joven, transformado en franja privilegiada por el mercado consumidor. La asociación juventud-consumo, inaugurada en EE.UU. y rápidamente difundida por todo el mundo, favoreció al florecimiento de una cultura joven altamente hedonista.
La imagen del adolescente consumidor, difundida por las publicidades y la televisión, ofrecen una identificación a todos los jóvenes sin distinción de clase. Esto genera una gran contradicción, ya que al ser la publicidad destinada "a todos los jóvenes", seguramente habrá quienes no puedan acceder a ese producto. Al darse esta situación, que diferencia la posibilidad de "igual consumo" ante la desigualdad de acceso al producto, cada clase social busca determinados valores y determinados padrones consumistas. Sin embargo, en muchas oportunidades, se da el fenómeno de que los jóvenes de clase media o alta tienden a identificarse con los jóvenes de clases populares, y esto se hace principalmente visible en la vestimenta, en la música que escuchan, a los lugares donde van a bailar, etc.
La actual sociedad de mercado, como cualquier aparto cultural, depende de las actitudes y disposiciones psicológicas de los individuos para ser y pensar. Para que el mercado funcione, es preciso que el sujeto esté siempre dispuesto a adquirir los nuevos productos creados por la industria. A esto se acostumbra a llamar consumismo. Sin embargo, la palabra consumismo es inadecuada para designar el hábito económico al cual se refiere por dos principales motivos: por un lado, porque nos hacen creer que consumimos cosas que, de hecho, compramos; y por otro lado, para dar entender que todos somos iguales ante la posibilidad de comprar de mercaderías. El comprar no siempre es una acción regida por necesidades biológicas, pero sí como un hecho económico con implicaciones sociales. Delante de esta realidad, los jóvenes son diferentes y desiguales. Adquirir un determinado define dentro del universo social "quien es quien".
Los llamados "objetos de consumo", de ésta forma, no son consumibles por todos ni están igualmente disponibles para todos los jóvenes. La producción de mercaderías es selectivamente organizada y distribuida para quienes tiene mucho, poco o ningún dinero.
Por lo tanto, el llamado consumismo, es el modo por el cual el imaginario económico encontró su manera de legitimarse culturalmente, representando a los productos o mercaderías como objetos de necesidad supuestamente universal y, ocultando por ese medio, las desigualdades económicas y sociales de los potenciales compradores, en este caso, los jóvenes.
Jorge Elbaum opina al respecto que "... las políticas de ampliación del consumo juvenil, asentadas en la postulación de productos específicos para determinada edad y los discursos homogeneizantes referentes al único tipo de juventud se sustentan en un intento de borramiento de fronteras que las posiciones sociales no dejan de negar a medida que se profundiza en los condicionamientos sociales".
Podemos inferir entonces que es imposible pararnos desde un discurso homogeneizante teniendo en cuenta de qué manera los jóvenes construyen su subjetividad, su identidad, en una sociedad tan polarizada como la nuestra, donde la publicidad y la TV marcan cuál es el objeto a consumir o el producto "de moda" próximo a comprar y que éstos pasarán a ser parte de esa construcción de identidad. Esto marcará en el joven su carácter de "incluido" o "excluido", pero en este caso, del "mercado consumista", lo que en muchas ocasiones trae aparejado la consolidación de discriminaciones simbólicas, jerárquicas, autoritarias y excluyentes, llevando incluso a la violencia.
III.            Los jóvenes y la construcción de su identidad. El "consumismo".
Hemos visto en los puntos anteriores como los jóvenes, de acuerdo a su condición social, se insertan en las esferas laboral y educacional, la estrecha relación que existe entre estos dos factores, y como éstos jóvenes construyen su identidad.
En este punto analizaré como los jóvenes participan en la sociedad, como es su relación con la política y con los partidos políticos, y como participan en otras acciones tendientes a mejorar su calidad de vida. Inmediatamente surgen algunos interrogantes que intentaremos responder en este punto ¿Acaso todos los jóvenes participan de igual manera? ¿Los jóvenes que no tienen participación en organizaciones de la sociedad civil, qué hacen?
Para partir sería conveniente hacer una distinción que creo oportuna: en la Argentina, por muchos años, los jóvenes habían sido uno de los motores de la sociedad en cuanto a inquietudes, demandas, participación y organización. Los jóvenes de la generación del Cordobazo (1969), de la Juventud Peronista u otras organizaciones como Montoneros o el ERP, eran jóvenes que trazaban en sus historias de vida experiencias de participación política basadas en las ideas revolucionarias del socialismo, donde la cuestión principal era transformar al mundo, y cuando ello parecía posible, pero para lograr aquel objetivo había que participar, porque en cuanto uno participaba hacía mas pronta la llegada de ese nuevo mundo, con su hombre nuevo.
La Dictadura Cívico-Militar instaurada en 1976 cambió radicalmente ese panorama. Los jóvenes fueron el principal blanco de las fuerzas armadas, fueron perseguidos, secuestrados, torturados, desaparecidos, asesinados o exiliados. Su efecto perduró por muchos años después de haber concluido aquellos años de plomo.
Sergio Balardini opina al respecto de este punto "... llevando adelante las políticas neoliberales sobre y desde los Estados, desde mediados de los años 70, se actúa en tres espacios, por un lado en el espacio de lo social, desactivando, desorganizando, o sea, desactivando la organización, por lo que habrá una menor demanda popular sobre el Estado; se operará la transformación del propio Estado para que se libere de las respuestas a esas demandas acumuladas; y, en el ámbito de lo económico, la reorganización a partir de la revolución científico-tecnológica. Se actúa sobre lo social, se actúa sobre el Estado, se actúa sobre el sistema económico productivo. Una operación política completa. Transformación que da lugar a una sociedad diferente. Porque en la medida en que la construcción de subjetividad cambia radicalmente, también va a devenir otro tipo de sujetos, entre ellos los jóvenes".
El campo de la acción política hoy se presenta menos nucleada por una confrontación ideológica en una sociedad de clases. La inquietud política de la mayoría de los jóvenes hoy se encuentra en otro ambiente de recepción. A esto se debe sumar la existencia de una fuerte crisis de representatividad y vaciamiento del sentido de las instituciones.
Por muchos medios (especialmente desde el aparato escolar y desde los medios de comunicación de masas) se trata de "despolitizar" a los jóvenes, de conducirlos hacia otros caminos posibles, de desmovilizarlos, de aplacar su espíritu juvenil, y en otros casos, se los estigmatiza o criminaliza.
Otro aspecto a considerar es la falta de incentivos a la participación y organización de los jóvenes dentro del sistema educativo. Tanto los funcionarios educativos como gran parte de los directivos y docentes no facilitan la apertura de espacios de participación estudiantil en las escuelas, negando de ese modo el cumplimiento de los derechos políticos que la Constitución Nacional les otorga como ciudadanos.
En los últimos años, los jóvenes encontraron una vía de canalizar sus inquietudes "políticas" a través de distintas Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s), que van desde la defensa por los Derechos Humanos, el Medio Ambiente, el Voluntariado, etc.
Por ejemplo, la cuestión ambiental ha alcanzado un lugar destacado en los debates sobre la construcción social del futuro de la comunidad humana, vinculando a las viejas y nuevas generaciones en una esfera de negociación de proyectos de sociedad y modos de participación política.
Lo que parece atraer a los jóvenes, para la acción ecológica como nuevo tipo de militancia política es su centralidad en problemas concretos, en oposición al tradicional debate ideológico, visto por ellos como supuestamente estéril; la tracción por las causas planetarias, pasando por alto los conflictos locales; y la valorización de una dimensión ético-moral que perciben como ausente de las prácticas políticas tradicionales.
Según Sergio Balardini, el problema radicaría en una "crisis de los agentes socializadores clásicos, de las instituciones tradicionales de participación. Hoy, los jóvenes se agrupan de un modo fuertemente informal, una buena proporción de los jóvenes que participan no lo hacen en estructuras tradicionales, lo hacen mucho mas por agenciarse a proyectos de gestión cultural o social próximos, un qué hacer de resultados, hagamos esto, juntémonos para hacer tal cosa, que puede devenir, o no, en alguna forma organizativa".
Creo que es conveniente hacer una aclaración. La gran mayoría de los jóvenes que se organizan en torno, ya sea de una ONG o a un partido político, son jóvenes de clase media (o media baja, si es que existe esta clase), esto no quita que los jóvenes de clases populares se agrupen y organicen, de hecho es notorio que jóvenes de éstos sectores lo hacen en torno a los movimientos de desocupados, sobre todo en el Conurbano Bonaerense o en el interior del país.
Pero qué pasa con aquellos jóvenes que no se organizan, no participan, no creen en la política y mucho menos en los políticos. Y aquí también cabría hacer una distinción de acuerdo a la condición social del joven. Posiblemente, un joven de clase media o alta no tenga interés en participar en ningún tipo de actividad política o social, dado que su vida pasa por otros ámbitos, como ser la universidad, el trabajo, la familia, los amigos, el club, etc.
En cambio, para aquellos jóvenes "socialmente excluidos" que permanecen alejados de cualquier tipo de organización, alejados de sus familias, expulsados del sistema escolar, con la calle como único ambiente de socialización, se podría decir que éstos jóvenes simplemente son "invisibles". Y esta invisibilidad es causada por todos los sectores de la sociedad que día a día los margina, los excluye, ya ni siquiera las instituciones, sino las personas que son indiferentes ante esta "otra" realidad. Éstos jóvenes "socialmente invisibles" que no participan en la sociedad, son declarados "prescindibles" y muchas veces son perseguidos por las fuerzas de seguridad o institucionalizados, en otras ocasiones, son utilizados para el comercio de drogas, la prostitución, el robo o los secuestros, son víctimas del "gatillo fácil".
Muchos políticos, retóricamente hablan de los jóvenes como "el futuro de nuestro país", pero sin embargo no discuten ni debaten cuando se pone en la agenda la reducción de la edad de imputabilidad penal de los jóvenes.
Los jóvenes, hoy por hoy, no pueden ser el futuro de ningún país, en cuanto una parte significativa de ellos son pobres o indigentes y no tienen acceso a una educación digna o bien son desocupados.
Muchas instituciones condenan a los jóvenes a una "muerte simbólica" y moral, en la medida en que matan su futuro, eliminando las chances de revalorización. Las instituciones públicas son cómplices de la criminalización de la pobreza en cuanto contribuyen a esta dinámica, lanzando a mucho jóvenes excluidos al "infierno" carcelario-punitivo.
IV.            Los jóvenes y las instituciones
Después de haber analizado los factores económicos, sociales, políticos y culturales por los que atraviesa la juventud argentina o podría decirse, los jóvenes argentinos, podemos afirmar que en esta sociedad argentina del siglo XXI no se puede tomar la categoría JUVENTUD como algo absolutamente definido por su edad o por compartir una misma franja etárea y/o generacional, como así tampoco los JÓVENES son una unidad indivisible, como una totalidad homogénea.
Queda claro que los factores arriba mencionados son determinantes para afirmar que existe una crisis de la condición juvenil, ya que ésta, está asociada a que los procesos de integración a la vida adulta ya no transcurren por una autopista central que permitía el paso de la escuela al mundo del trabajo, como había ocurrido en gran parte del siglo XX. Cada vez más, en los sectores mas empobrecidos, el trabajo ha pasado a superponerse o incluso a desplazar a la actividad escolar en la temprana adolescencia. Asimismo, la cuestión juvenil se expresa en términos de crisis de identidad y responsabilidad ciudadana, destacándose en los jóvenes de hoy una cierta anomia hacia las instituciones, principalmente hacia la política.
No todos los jóvenes tiene las mimas oportunidades, ni en el sistema productivo ni en el sistema educativo. Un ejemplo de esto puede ser que 5 de cada 10 jóvenes pobres enfrentan el rezago escolar, contra 3 de cada 10 en los sectores medios, y menos de 2 en los estratos más altos. Esto desde ya influirá en su inserción en el mercado laboral y en como este joven se socializará y construirá su identidad.
Ante las desigualdades existentes, garantizar una educación básica que faculte a los jóvenes de sectores populares a una base sólida de conocimientos que les permita analizar y comprender el mundo de la naturaleza y de las cosas, como así también el mundo humano, social, político, cultural, estético y artístico se hace indispensable. De ésta manera, el joven se formaría como un sujeto autónomo y protagonista de ciudadanía activa, y no reducido a un "ciudadano productivo", explotado, obediente, despolitizado y que es determinado por el mercado.
Lo que subyace es una falta de definición clara en torno a las políticas públicas nacionales en lo que a juventud se refiere, lo que provoca que los recursos existentes no se canalicen en acciones que contribuyan al desarrollo integral del joven. Es así como la pobreza estructural va de la mano del deterioro en el acceso a la educación, de la imposibilidad de acceder a un sistema preventivo de salud, de la inexistencia de un sistema de justicia que cuente con un régimen de debido proceso para este sector de la población, y a esto le podríamos sumar la explotación laboral que sufren miles de jóvenes ante leyes que favorecen al explotador.
El desafío más complejo y, al mismo tiempo, urgente, es la definición de políticas públicas que garanticen el derecho digno de la vida a un contingente de jóvenes, especialmente de las clases populares, empujados a la mendicidad, al empleo precario, a la exclusión educativa, e incluso, a la prostitución, al tráfico de drogas o a actividades criminales.
Una política pública de contenido básico y fundamental debe ser una política que busque articular ciencia, conocimiento, cultura y trabajo y no debe ser homogeneizadora, atomizadota y particularista. Las políticas públicas deben tener en cuenta las singularidades de los sujetos y sus particularidades históricas, mas debe desenvolver una gran universalidad histórica, construida en la diversidad, esto es, la unidad de lo diverso.
Cualquier programa de juventud, ya sea a nivel nacional, provincial o municipal es indispensable que ligue las dimensiones educativas, laborales y de desarrollo social del joven, y que lo incorpore en actividades comunitarias y éstas, deben poner especial énfasis en los segmentos más excluidos.
También es muy importante la participación activa de los jóvenes en la discusión, implementación y ejecución de los programas.
La participación debe traducirse en la insistencia del reconocimiento de que los jóvenes deben ejercer una función protagonista de todas las políticas de juventud, sean políticas públicas del Estado, o sean conducidas en el ámbito de la sociedad civil. En síntesis, cualquier política para juventud debe ser DE, PARA y CON los jóvenes.
Lo que queda claro es que la privación, ya sea de medios de educación, de trabajo adecuado, de políticas públicas adecuadas, implica comprometer el futuro próximo de nuestro país profundizando aún mas el subdesarrollo y la desigualdad. Es por lo tanto fundamental construir hoy un país bajo nuevas bases económicas e institucionales de inclusión, participación e igualdad para las actuales y las nuevas generaciones de jóvenes. Es todo un desafío, pero vale la pena.
V.            Conclusión
                  a.            Alerta Salta, "Informe sobre la situación de los DD.HH. en Argentina", 2004, Informe preparado para presentar en la Tercera Consulta Latinoamericana sobre Defensores/as de DD.HH.
                 b.            Balardini, S., "De los jóvenes, la Juventud y las políticas de juventud", paper de la Conferencia pronunciada en el Seminario "Políticas locales de juventud", Chile, 1999.
                  c.            Braslavsky, C., "La juventud argentina. Informe de situación", 1989, CEAL.
                 d.            Colectivo de Derechos de Infancia y Adolescencia, "Informe de ONG´s argentinas sobre la aplicación de la Convención sobre los Derechos del Niño", 2002
                  e.            Declaración del Congreso de SUTEBA, 23 febrero de 20005, www.suteba.org.ar
                   f.            Elbaum, J., "Qué es ser joven", 2003, Mimeo
                  g.            Filmus, D. y Miranda, A., "América Latina y Argentina en los 90: mas educación, menos trabajo = mas desigualdad" en D.Filmus (comp.) "Los 90: política, sociedad y cultura en América Latina y Argentina de fin de siglo", 1999, Eudeba
                 h.            Freire Costa, J., "Perspectivas de la Juventud en la sociedad de mercado" en "Juventud y Sociedad", 2003, Fundación Perseu Abramo
                   i.            Freud, S., "Tres ensayos sobre sexualidad"
                   j.            Frigotto, G., "Juventud, Trabajo y Educación en Brasil: desafíos y perspectivas" en "Juventud y Sociedad", 2003, Fundación Perseu Abramo
                 k.            Hobsbawm, E., "Las incertidumbres de la Burguesía" en "La Edad del Imperio (1875-1914)", 2000, Crítica / Grijalbo
                   l.            Jacinto, C., "Transición Laboral de los jóvenes, políticas públicas y estrategia de los actores", 1996, CONICET
               m.            Margulis, M. y Urresti, M., "La juventud es más que una palabra", 2000, Biblos
                 n.            Miranda, A. y Salvia, A., "Transformación de las condiciones de vida de los jóvenes en los 90", en Lindemboin J. (comp.) "Crisis y metamorfosis del mercado de trabajo" (2° parte), 2000, CEPED, FCS
                 o.            Piaget, J., "Seis Estudios de Psicología", 1994, Seix Barral

                 p.            Salvia, A. y Tuñón, I., "Los jóvenes trabajadores frente a la educación, el desempleo y el deterioro social en la Argentina", 2003, Fundación F. Ebert
VI.            Bibliografía consultada
Realizado por:
Gustavo Racovschik*
*Estudiante de la Lic. en Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de Luján

lunes, 4 de agosto de 2014

Los niños y el arte

Niños de primer año de una escuela primaria pública
de visita en el Museo Castagnino, MDP.
Desde Acercando Cultura MDP venimos sosteniendo la necesidad e importancia de que todas las personas, incluidos los niños, tengan la posibilidad de disfrutar el arte.

Les dejamos aquí algunos párrafos de Ana María Turrini "los niños y el arte" (en Francesco Bartolomeis, El color de los pensamientos y de los sentimientos )

¿Por qué no propiciar el encuentro de los niños con el arte? Entre otras cosas, sería una aportación para contrarrestar el estancamiento de la apreciación óptica. muchas personas, de varios modos y con diversos niveles de énfasis, sostienen que el peor convencionalismo que padecemos es precisamente esta esclerosis visual. El poner obras de arte a disposición de los niños, desde el jardín de la infancia, no pretende crear confusión sobre el hecho de que las obras de los niños sean o no obras de arte (...) La expresión gráfico-pictórica no es un producto eminentemente infantil, ...sino algo que pertenece al hombre en todos sus sentidos, (y en el jardín de la infancia, no hace más que sentar las bases de un proceso que acompañará al individuo durante toda su vida).

Se trata de la posibilidad de interpretar un producto artístico, gráfico, pictórico o plástico, como un producto dotado de elementos internos, de algún modo individualizables, (pero no separables), vinculados en parte al medio (el color, la tela, el papel,el pincel, etc.) y en parte a algunas "convenciones" o estructuras constructivas de carácter perceptivo o puramente mental (ritmos, cadencias, armonías, distanciamientos,aproximaciones, geometría de ocupación de un espacio, o de distribución de figuras, objetos, situaciones, etc.)
El carácter fundamentalmente abierto de una obra de arte y el modo en que puede disfrutarse, constituye otro aspecto fundamental. Se trata de un producto que se presta a las más diversas interpretaciones, desde la más caligráfica y realista a la más abstracta, subjetiva y onírica. Es lenguaje, pero no sólo lenguaje; es expresión, pero no sólo expresión; es comunicación, pero no sólo comunicación: es un producto abierto que todos pueden disfrutar si cada uno es situado en posición de lograrlo a través de experiencias directas.
La aproximación a la obra de arte pertenece al plano de la experiencia concreta y queda al margen de intelectualismos de cualquier naturaleza.


viernes, 1 de agosto de 2014

Participación de Andrea Busch en el Panel sobre la niñez desamparada

Charla en manos de Andrea Busch, presidente de Acercando Cultura MDP:

"Voy a centrar mi exposición en tres conceptos que hacen a la fundamentación y marco teórico conceptual de la ONG que presido: "Acercando Cultura MDP". Estos conceptos son: ¿Porqué acercando cultura? ¿Porqué cultura? Y por último, y lo más importante, ¿qué es cultura?

La primer pregunta está relacionada al origen de nuestra ONG, basado en un diagnóstico de necesidades. Ocurre que así como hay en la sociedad una distribución desigual de la riqueza, y esta distribución desigual hace a las posibilidades de satisfacción de las necesidades básicas, como alimentación, salud, vivienda, también existe una distribución desigual del patrimonio cultural, en relación directa a las posibilidades  del sujeto de poder participar y apropiarse de la cultura, sea a través de la educación formal, informal o no formal. Y estas posibilidades no son iguales para todos, porque la oferta cultural, ya sea espectáculos , talleres, u otras expresiones, además de ser generalmente costosas, aún cuando son gratuitas, están ubicadas casi exclusivamente en el centro de la ciudad.
Este es un fenómeno que no sucede sólo en Mar del Plata, pero también en Mar del Plata.
Entonces, aquellos niños de hogares más humildes, que habitan en los barrios más alejados, cuyos padres tampoco han tenido acceso a oportunidades culturales, son los que quedan excluidos, porque no se enteran, porque no pueden pagarlo, porque es lejos, geográfica y socio-culturalmente.

En el trabajo en territorio observamos que frecuentemente hay  muchas personas que realizan actividades artísticas, pero nadie lo sabe, y carecen de la posibilidad de aprender técnicas o de comprar los materiales. En los niños, las propuestas artísticas son siempre bien recibidas.
Hay programas municipales que se desarrollan en los barrios, Almacenes culturales, usinas culturales, pero no son suficientes para cubrir las necesidades potenciales de la población.
Y digo potenciales porque el primer trabajo es ese, acercarse adonde la gente vive, adonde los niños están , concurren, y crear la necesidad, mejor dicho, descubrirla, porque la creatividad es, para el ser humano, una necesidad, y está presente, a veces postergada al no considerarse “útil”

Y nos introducimos así en el segundo concepto: se está hablando en este panel de la niñez desamparada, vulnerada en sus derechos. Alguien puede preguntarse entonces ¿porqué cultura cuándo hay necesidades más urgentes? No quitamos importancia a la necesidad de cubrir las necesidades básicas de los niños, como de cualquier ser humano. Pero sí consideramos que con eso no es suficiente. ¿Porqué? A través de la actividad cultural el niño internaliza el capital simbólico propio de su medio social, desarrolla su creatividad, se integra a un grupo, adquiere identidad.

La cultura es, entonces, un factor de desarrollo personal, en cuanto nos permite crear, simbolizar, aprender, identificarnos con nuestra sociedad, y a través de estos procesos, surgen los proyectos personales de vida, de futuro. Y la cultura es también, un factor de desarrollo social, en cuanto permite crear identidad local, forma ciudadanos más creativos, participativos, comprometidos con la realidad que los rodea. Por último, la cultura es también, un factor de desarrollo económico, y esto lo demuestran las estadísticas. Qué bueno que sería que se tuviera en cuenta a la hora de armar los presupuestos, ¿no?

Y vamos ahora al tercer punto, que es el que nos centra en objetivos y metodologías de trabajo: ¿qué entendemos por cultura? A través del tiempo el concepto de cultura se ha ido ampliando y modificando. De ser considerada solamente lo “consagrado” el “arte” propio de algunas personas que nacían con talentos especiales, pasó a considerarse todo lo producido por el hombre. Esto incluye, entonces, desde “obras de arte” hasta utensilios, cultivos, y cualquier otra cosa en la que interviene el ser humano.

Pero es necesario hacer una aclaración. Esta extensión del concepto de cultura a toda producción humana, no significa que el arte es privativo de un grupo, y los demás consumen como expectadores las obras de arte, siendo sólo productores de otras manifestaciones culturales. Lo que sostenemos es que todo ser humano, y aún, y fundamentalmente, los niños, son capaces de manifestarse a través del arte en sus diversas manifestaciones, sea a través de la música, el teatro, la danza, el dibujo, la literatura.

miércoles, 16 de julio de 2014

Pedagogía Social: un lugar para la educación frente a la asignación social de los destinos.



Pedagogía Social: un lugar para la educación frente a la
asignación social de los destinos. 


Violeta Núñez i

UNIVERSIDAD DE BARCELONA 
Barcelona, marzo de 2007. 

“Hay acciones minúsculas destinadas 
a un incalculable porvenir”. 
María Zambrano 

“Todas las penas pueden soportarse si las 
ponemos en una historia o contamos una 
historia sobre ellas”. 
Isak Dinesen 

0. Para comenzar.

Quisiera comenzar agradeciendo esta invitación al Ministerio de Educación* muy en particular a Patricia Redondo, propulsora del encuentro y a quienes con su trabajo, con su interés y su presencia lo hacen posible. Gracias pues por esta cordial disposición, que me permite hoy tener el honor de estar aquí, con todos ustedes, en este espacio de intercambios.

En segundo lugar, considero pertinente -antes de entrar propiamente en la materia de mi exposición- dar cuenta del lugar desde el que hablo. Intento siempre parcial, lacunario, pero a cuyo esfuerzo de formulación debemos sentirnos convocados. Si uno no intenta precisar desde dónde habla, parecería ocupar TODO el lugar de la VERDAD: un lugar con pretensiones de absoluto. 

Por el contrario, he de decir que hablo desde un cierto y acotado lugar teórico. Se trata de una disciplina nueva en el campo de las llamadas Ciencias de la Educación.

La disciplina a la que hago alusión da en llamarse Pedagogía Social. Para algunos no deja de ser un invento español. En parte, yo también así lo creo... No obstante, como buena novedad, la Pedagogía Social tiene su historia. Comienza hacia ediados del XIX en Alemania, con Paul Natorp en su Curso de Pedagogía Social. Avanza tortuosamente en las primeras décadas del siglo XX. ii Su actualización se realiza después de la Segunda Guerra Mundial, tanto en Alemania como en Francia, donde hay dos trayectorias con ciertas diferencias teórico-técnicas: las escuelas de Trabajo social - Pedagogía Social en el primer país; las de Educadores Especializados en el segundo.

La Pedagogía Social, como disciplina teórica y sus modelos de educación social es, sin duda, la peculiaridad y la aportación de España. Pero tampoco se trata aquí de un campo homogéneo, sino de un campo estructurado (en el sentido establecido por Pierre Bourdieu)iii según diferentes posiciones paradigmáticas. Debo asimismo agregar que yo hablo desde una posición estructural que, en España, tiene carácter emergente, no hegemónico. 

Desde ese lugar, nos planteamos a la Pedagogía Social como la disciplina pedagógica desde la que se trabaja, teórica y prácticamente, en las complejas fronteras de la inclusión / exclusión. Así, y en alusión a esas fronteras, se trata de un trabajo de ampliación -en lo pedagógico y en lo político- de las dimensiones de las responsabilidades públicas en educación. En el sentido de que el momento actual y sus desafíos nos llevan, en educación, a pensar y a actuar más allá (y más aquí), de la escuela o, dicho en otros términos, allí donde la escuela (para poder constituirse como espacio de efectivo ejercicio de transmisión de saberes)
requiere de otros partenaires sociales a fin de poder centrar su función.

De esta manera, postulamos a la Pedagogía Social como un espacio para pensar, y también para poner en marcha, cuestiones que tienen que ver con la igualdad y los derechos, en el marco de las nuevas condiciones económicas, respecto al acceso a la cultura, a la participación social y a la dignidad de las personas.

Algunas de estas consideraciones son las que quisiera hoy compartir aquí, a fin de ponerlas a debate y discusión.

1. Presentación. iv

Vamos a interrogarnos sobre la función de la educación en general y de la educación social en particular, sobre sus alcances y sus límites, en el marco de las modalidades actuales de segregación que denominaremos procesos de exclusión.

La hipótesis que voy a desplegar sostiene que, desde los discursos globales hegemónicos, se postulan dos figuras específicas de la exclusión en el campo educativo. Dos modalidades que se pretenden de gran alcance y que se articulan, se combinan, se atraviesan o superponen según momentos y contextos sociales.
Vamos a señalar a estos procesos como:

a) la degradación de los sistemas escolares públicos a meros contenedores; b) la proliferación de programas de intervención social directa diseñados desde la idea de la “prevención”.

Para el despliegue de esta hipótesis vamos a recurrir a los siguientes elementos:

1) Referencias a lo que llamaremos minorización de las infancias;
2) Recorrido breve en torno a la noción de exclusión;
3) Alusión al vaciamiento educativo de los sistemas escolares públicos;
4) Señalamiento del alcance de los despliegues de los dispositivos de gestión poblacional.

Partimos de considerar a la educación como un anti─destino, pues se trata de una práctica que posibilita la redistribución social de las herencias culturales: traspaso, recreación, circulación, acrecentamiento, pérdida, transformación... Particulares recorridos en los que se tejen, destejen, entretejen, diversos registros de olvido y recuerdo; y en cuyos anudamientos se abren y bifurcan futuros que no son pre─decibles sino, para utilizar las palabras de Hannah Arendt, sólo decibles a posteriori.

Voy a hablar aquí de y desde una pedagogía social que se interroga acerca de instituciones y funciones que apelan a la educación y que, habitualmente, quedan fuera de los discursos pedagógicos al uso. Se trata, entonces, de dar visibilidad pedagógica a tales prácticas. Estas han de desplazarse a muchos sitios, para que
la exclusión no lo ocupe todo. Y allí, en los bordes, en los territorios de frontera, han de intentar tejer red social, en tanto que educativa. Allí, han de repartir llaves de acceso al mundo simbólico, pues es el lugar del derecho a la inscripción de cada sujeto humano. Se han de ocupar de cada uno. Sobre todo de aquéllos de
los que muchos sólo se preocupan para ponerles un rótulo, encuadrarlos en una categoría y considerarlos flujos estadísticos a los que se prefigura un destino cierto: la exclusión cultural, social y económica.

1. La minorización de las infancias y adolescencias.

Menores es la categoría que, a lo largo del siglo XX, pasó a designar no sólo al conjunto de niños y adolescentes que no han alcanzado la mayoría de edad, sino particularmente a aquéllos a los que la mirada del control social ubica como “peligrosos”.v Los menores devienen (a partir de la creación del Primer Tribunal Tutelar de Menores, en Chicago, en 1899) objeto específico de intervenciones sociales, tanto desde la perspectiva preventiva como punitiva, so pretexto de 
educarlos.

Ya en el siglo XVIII aparece, a partir de ciertas propuestas, en un espectro que va de Juan Bautista de Lasalle a Johann Pestalozzi, la noción de una educación específica para pobres. En efecto, se trata de una educación tal que les permita soportar la pobreza; vivir resignados e incluso felices en ese horizonte estrecho y sin miras al que, según parece, se hallan irremisiblemente destinados. Se trata de una educación degradada a adiestramiento, como disciplina del cuerpo y del almavi. 

Es también la premisa que, a manera de coartada, justificó, un siglo después (a finales del XIX), la sustracción de los así llamados menores “de los procesos de derecho penal y [la creación de] programas especiales para niños delincuentes, dependientes y abandonados” (Platt: 37).

Esta concepción de la educación, particularmente de la educación social, como tarea de intervención social, realiza hoy una especie de retorno por la puerta grande. En efecto, desde finales del siglo XX asistimos a la expansión de una suerte de minorización de infancias y adolescencias a escala planetaria, aunque con impactos diferenciales, según localizaciones geográficas y/o económicas. Se trata de predeterminar sectores a los que se atribuyen características específicas y a los que se les asigna un destino social (cultural, económico) prefijado. 

Vamos a hablar de ese concepto de educación usado en sentido segregativo.

Hoy, las infancias y adolescencias de ese 80% de la población mundial que, según la definición de la OCDE vii, “nunca constituirán un mercado rentable” pues su “exclusión social se agudizará a medida que los otros vayan progresando”; esas infancias y adolescencias, digo, se piensan (en los organismos internacionales hegemónicos), como objeto de peculiares tratamientos en dispositivos que se gestionan en nombre de la educación, pero cuya característica es el vaciamiento cultural que los inscribe en el lema pestalozziano de educar al pobre para vivir la pobreza.

2. La exclusión.

Pensar sobre la noción de exclusión, nos lleva a interrogarnos acerca de la concepción que tenemos de lo social: si entendemos a la sociedad de hoy como un destino marcado o bien si la entendemos como un momento donde las bifurcaciones son posibles. En otros términos: si no tenemos más remedio que seguir en la profundización de la vía liberal y lo que ésta conlleva (fragilización de lo político, subsumisión de lo social en las leyes de mercado); o bien podemos abocarnos a reconstruir los fundamentos de la democracia, redefiniendo las relaciones entre el mercado y el dominio político; los contratos sociales y sus alcances.

La exclusión aparece como efecto del modelo neoliberal de expansión capitalista de la extensión de las leyes de mercado a todas las esferas de la vida humana. He aquí un importante nudo del que parten las principales dificultades del actual momento histórico: pretender hacer mercado con la política, con la educación, con
la sexualidad, con la cultura...

Por otra parte, la exclusión también puede hacernos pensar, a la manera de Manrique, que todo tiempo pasado fue mejor... Sin embargo, no ha habido tal pretérito perfecto. Lo nuevo y turbador de nuestra actualidad es que la exclusión ha rasgado los tenues velos que, en otros momentos, fueron (en)cubriendo las
operaciones de construcción de lo social y sus costes.

Con esto queremos decir que la noción misma de exclusión apunta a lo que ya Kant definió como la insociable sociabilidad humana viii, esto es, a la dimensión estructural de lo social. Por lo cual no nos es dado operar con ella de manera directa. De allí que la educación constituya un frágil pero eficaz modo de hacer con el malestar en la cultura. ix

Podemos entender la exclusión como una construcción social que recubre tres conjuntos de prácticas:

1. lisa y llanamente, la eliminación del diferente;
2. encierro y/o deportación;
3. dotar a ciertas poblaciones de un estatus especial, que les permite coexistir en la comunidad pero que les priva de ciertos derechos de participación, en actividades sociales, culturales, económicas.

En 1998, en Barcelona, se realizaron unas Jornadas bajo el título La clínica ante la segregación. Allí tuvimos oportunidad de señalar este curioso fenómeno en las prácticas sociales y educativas: la exclusión en el interior de los dispositivos sociales y educativos. Ya no se pone fuera, o en los márgenes. Hay una centralidad de la exclusión: éxtimo (segregación en lo interior). Por ejemplo, en el sistema escolar, una de tales modalidades se gestiona bajo el eufemismo de sujetos con necesidades educativas especiales. En esta categoría poblacional recaen no pocos niños y adolescentes que provienen de barrios periféricos y/o de
familias de zonas de vulnerabilidad o de zonas de exclusión social, para utilizar las categorías de Robert Castel. Para seguir con este ejemplo, hoy se habla de “nees”, así, sustantivados (¿tal vez en alusión al famoso monstruo del lago escocés homónimo...?). Curiosa operación, que produce un “interior” ya desprovisto (externalizado/ deslocalizado) respecto a las herencias culturales y a las atribuciones de herederos de pleno derecho a los sujetos allí “incluidos”...

3. La degradación de los sistemas escolares públicos a meros contenedores.

En primer lugar, estableceremos la diferencia entre educación y aprendizaje o instrucción.

El aprendizaje (instrucción, en la palabra de los clásicos de la Pedagogía) consiste en las adquisiciones de bienes culturales que un sujeto ha de realizar (aprender a leer y escribir; aprender desde las operaciones matemáticas elementales a las complejas; aprender a convivir con los demás; aprender a andar en bicicleta...). Estos procesos son más o menos complejos y requieren del sujeto una cierta disposición para realizarlos.

La educación no puede existir sin esa función instructiva x confunde con ella. No puede haber educación sin que el niño aprenda: el niño debe aprender (Kant: 1983xi; Lacan: 1973xii). La educación requiere de aprendizajes: de una buena relación con la palabra, con los otros, con los libros, con los conocimientos y las técnicas; para poder abrir –en algún momento– nuevas inquietudes y lanzar a la búsqueda de otros horizontes.

No se pueden subsumir ambas dimensiones. No son homologables. La educación va más allá del aprendizaje. El acto educativo reenvía a lo−porvenir. Se inscribe en un lugar más allá de cualquier finalidad; en un instante breve, efímero, del que tal vez nada se pueda decir, pero del que somos responsables.

Por ello decimos que la educación es un tiempo que sólo podemos atisbar en la medida de nuestra confianza en que ese otro radical con quien trabajamos, algo hará. No hay posibilidad alguna de “evaluar” la educación: es un tiempo otro.

Los efectos de la educación devienen así imprevisibles: no hay relación de determinación entre los objetivos de los educadores y el porvenir de lo humano.

Desconocemos qué, cómo y cuándo los objetos de la transmisión (los aprendizajes de la cultura), cursarán en las tramas subjetivas y sociales de tiempos que no son nuestros, en recorridos que no podemos prefigurar sino a costa de la simplificación o el engaño.

Pero hoy, podemos constatarlo, se han invertido los dos procesos, con lo cual se vacían de significación y se anulan sus alcances. Los aprendizajes en los que la educación ha de incardinarse han quedado devaluados.

Salvando los llamados “polos de excelencia”, las políticas hegemónicas formulan (a través de instancias tales como el Banco Mundial o la OCDE), la exigencia de la devastación de los contenidos culturales para instaurar, en términos de la afortunada frese de Jean─Claude Michèa xiii, la enseñanza de la ignorancia en
todas sus formas.

Y es aquí, en este territorio devastado, donde las políticas neoliberales plantean lo que llaman inclusión. En efecto, han girado la insistencia, de pretensión moralizante, al plano personal: las actitudes, las motivaciones, la integración al grupo... Es sin duda sorprendente: hablar de educación pero sin hacer referencia a bien cultural alguno. Últimamente se dice: valores y habilidades. Como si pudieran transmitirse en sí, sin referencia a los contenidos y a las prácticas de las culturas en los que se generan, cobran sentido, se transmiten, se transforman y/o caen en el olvido... Contenidos actitudinales, comportamentales...: son los estrafalarios nombres que sellan la dimisión xiv educativa. Y todo ello en nombre de la inclusión.

4. La proliferación de programas de intervención social incardinados en la idea de prevención y que operan en nombre de la educación.

La prevención ha devenido un concepto clave, sobre todo por cuanto no se sabe qué significa ni qué acota; es un término idóneo para sostener un pensamiento único... Realizaremos aquí, entonces, un abordaje crítico.

El problema que se nos plantea no es sencillo, pues implica revisar la serie de operaciones que se pone en marcha cada vez que se apela a la idea de prevención. En primer lugar, supone recurrir a razones instrumentales (prácticas y económicas), para justificar una intervención. En segundo lugar, que la causalidad
contra la que se lucha tiende a devenir causa única del fenómeno en cuestión, lo cual aboca a los efectos de la simplificación o, más propiamente, del simplismo exagerado necesario para sostener ese principio de eficacia.

La noción de prevención se nutre de una vocación intervencionista. Convoca a intervenir en la vida de otras personas allí donde se considera que su salud o su vida están en peligro.

Si nos preguntamos qué tipo de sociedad se pretende a partir de la prevención, podríamos responder que se trata de una sociedad sana. Es decir, saneada por la erradicación de lo que excede la norma. Se considera que ello no es admisible porque representa un peligro... Y esta certeza suele habilitar a las instituciones y a
los profesionales a la gestión diferencial de las poblaciones, más que a su asistencia o a su educación.

Esta línea opera estableciendo categorías diferenciales de individuos. En una población dada, cualquier diferencia que se objetive como tal puede dar lugar a un perfil poblacional. Luego viene la gestión de los mismos, a través de procesos de distribución y circulación en circuitos especiales: recorridos sociales bien definidos para esos perfiles poblacionales previamente establecidos.

Es decir, la prevención llamada detección sistemática, organiza un fichero de sujetos cuyo destino final, además, desconocemos. Este fichero puede incluso llegar a definir las opciones que socialmente se les brindará a los sujetos incluidos en esas listas. En efecto, si por perfil poblacional se entiende un subconjunto susceptible de entrar en un circuito especial, “se dibuja así la posibilidad de una gestión previsiva de los perfiles humanos”xv

Por ello prevenir es vigilar, esto es, ponerse en un lugar social que permita anticipar la emergencia de acontecimientos supuestamente indeseables: enfermedades; anomalías diversas; conductas desviadas; actos delictivos; etc., en poblaciones estadísticamente definidas como portadoras de esos riesgos.

De esto se desprende una imputación implícita a cada uno de los sujetos pertenecientes a esos perfiles poblacionales, sobre sus comportamientos futuros, del tipo madre soltera engendra hijos con riesgos. De manera tal que se le atribuye (se prevé) un paso al acto, resultando así justificada la intervención preventiva sobre esa persona: no es necesario esperar para intervenir.

Tal vez ello responda a las promesas que la noción misma de prevención parece encerrar: confirmar lo que, previamente, se ha creado como problema social.

La prevención es indisociable de la dimensión política, en el sentido más amplio de la palabra. En el enunciado de la voluntad preventiva de luchar contra (la pobreza, la delincuencia, la drogadicción...), podemos atisbar la profunda relación entre un cierto enunciado político y un cierto dispositivo técnico. Por tanto, el recurso a la prevención no puede ser ingenuo. Con las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) se hace posible establecer flujos de población según cualquier criterio de diferenciación. El hecho de asignar a tales individuos un destino social homogéneo, queda como una cuestión de voluntad política que hoy ya es técnicamente posible.

Esta orientación representa una de las líneas de transformación más nueva y también más inquietante que actúa en el campo de las políticas y de la acción sociales. Sobre esto hemos de estar advertidos, pues corremos el riesgo de estar colaborando con empresas de segregación social de gran alcance, sin siquiera sospecharlo.

Pensamos que, de lo que se trata, es de promover la justicia social, no de “prevenir” conductas peligrosas... De plantarse ante las lacerantes injusticias. Y éstas, en el campo educativo, comienzan cuando las instituciones y los educadores −encabalgados en discursos hegemónicos de tintes “progresistas”− dimiten de sus responsabilidades de pasadores de herencias y reduplican el supuesto “destino social y económico” de los sujetos, al asignarles el lugar de des-heredados culturales.

5. Para finalizar.
Por ello nuestra apuesta es la educación anclada en los procesos de transmisión y adquisición de los patrimonios plurales de la cultura en un sentido fuerte. Deviene, pues, una práctica que pone en acto el derecho de todo ser humano a ser sujeto, esto es, inscrito en el orden simbólico. La condición es que el trabajo educativo (escolar y social), abandone la noción de perfiles poblacionales y se aboque a la atención de los sujetos particulares, pasando los patrimonios culturales y dejando a cada otro la palabra. Si nos alejamos tanto de la vocación uniformizante de los totalitarismos como del idealismo ingenuo de la ilustración (el saber nos hará libres), tal vez podamos inventar nuevas maneras de trabajo en las instituciones
educativas. Nuevas modalidades que contemplen la particularidad sin renunciar al tesoro común de las herencias. Nuevas maneras para que niños y adolescentes (uno a uno, pero también en tanto ciudadanos, actantes de lo común), encuentren sus maneras de elaborar, construir y modificar recorridos propios. Es decir, “hacer de la educación un ANTI─DESTINO: práctica que juega, caso por caso, contra la
asignación cierta de un futuro [que se supone] ya previsto”
xvi. Hacer pues, de la educación, un acto que restituya el enigma de humanidad tantas veces negada, conculcada, violentada, transformada en la nuda vida de aquél que puede ser muerto impunemente. xvii

Notas:

i. Doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona. Profesora Titular de Pedagogía Social en dicha Universidad desde 1992.
ii En Argentina hay una publicación, cuyo hallazgo debo a mi estimada colega Graciela Frigerio, que data de 1916. Es un libro cuya autora, Raquel Camaña, es heredera de las maestras norteamericanas traídas aquí por el Presidente Sarmiento. Su título: Pedagogía Social.
iii BOURDIEU, P. (1973): Le marché des biens symboliques. En: Année Sociologique. Paris, 49-126. [Allí el autor establece la noción de campo en tanto campo de producción y circulación de bienes simbólicos. Se constituye como un espacio estructurado según un conjunto de posiciones, independientemente de quienes las ocupen, de carácter hegemónico o subordinado. 
iv Esta exposición sigue los lineamientos de la Conferencia pronunciada por la autora en Albacete, con motivo de la presentación del Colegio de Educadores de Castilla- La Mancha, en mayo de 2003.
v Se pueden consultar al respecto, dos clásicos de la sociología: CHEVALIER, L.(1978): Classes laborieuses et classes dangereuses. Paris: Pluriel. PLATT, A. (1982): Los “salvadores” del niño o la invención de la delincuencia. México: Siglo XXI. 
vi Vid. FOUCAULT, M. (1981): Vigilar y castigar. Madrid: Siglo XXI.
vii OCDE (1996): “Informe de la mesa redonda de Filadelfia”. En: SELYS, G. DE / HIRTT, N. (1998): Tableau noir. Bruselas : EPO.
viii KANT, E. [1784] (1985): «Idea de una historia universal en sentido cosmopolita». En: Filosofía de la Historia. Madrid: F.C.E. 
ix FREUD, S. (1990): «El malestar en la cultura». En: Obras completas. Buenos Aires: Amorrortu. Vol. 21. 
x HERBART, J. (1983): Pedagogía General. Madrid: Humanitas. 
xi KANT, E. (1983): Pedagogía. Madrid: Akal.
xii LACAN, J.(1973): Seminario XXI. Los incautos no yerran. Clase 11-12-73. (No publicado, versión no establecida): "Es evidente que se trata de un esfuerzo pedagógico.[...] El niño está hecho para aprender algo. He aquí lo que nos enuncia Freud, lo que nos enuncia Kant... es extraordinario que lo haya presentido, pues
¿cómo podía él justificarlo? Está hecho para aprender algo, es decir, para que el nudo se haga bien".
xiii MICHÉA, J-C. (2002): La escuela de la ignorancia. Madrid: Acuarela Libros. p.43.
xiv ZAMBRANO, M. (2000): La vocación del maestro. Madrid: Ágora.
xv CASTEL, R. (1984): La gestión de los riesgos. Barcelona: Anagrama.
xvi NÚÑEZ, V. (1999): Pedagogía Social: cartas para navegar en el nuevo milenio. Buenos Aires: Santillana.
xvii AGAMBEN, G. (1998): Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida. Valencia: Pre-textos.

BIBLIOGRAFÍA.

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