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domingo, 18 de mayo de 2014

Estación Chapadmalal

Había una vez un pueblo que nació con su estación. La llegada del tren impulsó el trabajo del campo, transportando en sus vagones papas, cebollas y trigo. Las canteras de Chapadmalal proveían a las ciudades de la tan conocida “piedra Mar del Plata”, y eran transportadas en tren. Tanto es así, que los lobos marinos de la rambla están construidos con piedras de allí.

El transporte automotor y los camiones fueron desplazando al tren. Diversos procesos económicos y sociales en el país desmantelaron las redes ferroviarias. Y la vieja estación, verdadero centro álgido del pueblo, se fue apagando poco a poco, hasta quedar abandonada.

Estación Chapadmalal - Mayo 2014
El galpón de almacenaje, que era también lugar de encuentro y de fiestas del pueblo, se despobló. Sólo volvió a ser visitado por algún vecino nostálgico, por algún visitante curioso, o por grupos de chicos ávido de aventuras. Hoy, hay un pueblo con ganas de recuperar su historia. Y con recuperar su historia, estamos hablando de recuperar su Estación: habitar el galpón. 

Se unen en este sueño dos generaciones: los abuelos, que recuerdan las épocas de auge y quieren revivirlas, contarlas, actuarlas. Por otro lado, los adolescentes que quieren escucharlas, que por primera vez descubren el valor que contienen esas viejas construcciones, y aprenden a amarlas. Y entonces sueñan. Sueñan con habitarlas, sueñan con todo lo que en ese espacio se puede hacer.

Hoy Acercando Cultura MDP participó del cierre de un ciclo iniciado hace un año, con el que colaboró la secretaría de Cultura del Municipio de General Pueyrredón. Queda a la comunidad el desafío de continuar un camino comenzado, recuperar en forma definitiva la vieja estación y su galpón para la comunidad, y plasmar en esos espacios un Centro Cultural y Deportivo. Las instituciones de la zona, Sociedad de Fomento y escuelas participan de ese proyecto, y los jóvenes han formado una comisión permanente para trabajar sobre él.


Desde Acercando Cultura MDP aportaremos para la realización de alguna jornada, festival, y otras intervenciones que colaboren a nuclear a la comunidad de Chapadmalal , a través de la Cultura, en este espacio que les es tan propio. Recuperar el espacio es también recuperar la identidad.

lunes, 5 de mayo de 2014

¿Qué es el empoderamiento?

El concepto de empoderamiento se utiliza en el contexto de la ayuda al desarrollo económico y social para hacer referencia a la necesidad de que las personas objeto de la acción de desarrollo se fortalezcan en su capacidad de controlar su propia vida. También puede ser interpretado el empoderamiento como un proceso político en el que se garantizan los derechos humanos y justicia social a un grupo marginado de la sociedad.
Sólo se logra un cambio significativo en el desarrollo de las sociedades si se cuestionan directamente los patrones de poder existentes. Una definición positiva concibe este término como el poder de hacer, de ser capaz, así como de sentirse con mayor control de las situaciones. Según este enfoque, el individuo tiene un rol activo y puede actuar en cualquier programa de cooperación gracias a la actitud crítica que ha desarrollado. Esta noción rompe con la idea de que el individuo es un ser pasivo de la cooperación y pasa a convertirse en un actor legítimo.
Frecuentemente se utiliza el concepto de empoderamiento específicamente en referencia a la mujer. Los programas de empoderamiento se orientan frecuentemente a permitir el acceso de las mujeres a los recursos y a la toma de decisiones, tanto individuales como colectivas y conseguir que ellas se perciban a sí mismas capaces y legítimas para ocupar un espacio en la toma de decisiones. El empoderamiento se incentiva cuando se fomentan la autoconfianza, seguridad en sí misma y asertividad; el poder para tener autoridad para tomar decisiones, realizar cambios y resolver problemas, y la capacidad de organizarse con otras personas para alcanzar una meta común.
El empoderamiento se ha convertido en el paradigma de las teorías del desarrollo. Este concepto ha permitido que los individuos y sociedades que hasta ahora estaban marginados de la toma de decisiones sean ahora el eje central de las intervenciones. Sin embargo, diversos obstáculos como la falta de una definición consensuada y el limitado trabajo empírico relacionado con este enfoque han impedido que las políticas de cooperación internacional hayan incorporado adecuadamente esta terminología. 
 

sábado, 26 de abril de 2014

"Historia, regiones y fronteras"

En el día de ayer se desarrolló en Mar del Plata la jornada "historia, regiones y fronteras", organizada por la "Asociación de Universidades Grupo de Montevideo" y la facultad de Humanidades de la UNMDP.

En el hall central del lugar donde se lleva a cabo hay una exposición de artistas visuales marplatenses con temática aborigen. Si bien la jornada no era con convocatoria abierta, nos permitieron concurrir como oyentes.

Así fue que pude participar de una mesa sobre la temática de la población aborigen. Más allá de las ponencias que describían costumbres y formas de organización de las poblaciones indígenas de los siglos XVII, XVIII y XIX, lo más interesante, al menos para nuestra perspectiva de trabajo cultural socio-comunitario, fue la perspectiva de la población actual descendiente de aborígenes: que como tal se reconoce, revirtiéndose un proceso de "negación" de los orígenes autóctonos. Investigaciones desde un enfoque etnográfico permiten una mirada histórica del pasado que a la vez está presente en la actualidad, trabajando con la memoria histórica de los propios pueblos objeto de estudio, a través de sus descendientes.

Superando una visión histórico y social donde solo se visibilizaba un sector, una "raza", aparece la complejidad de la trama social, que conlleva una inmensa riqueza multicultural, a la vez que plantea nuevos desafíos .

No se trata sólo de mostrar sus fotos o sus productos culturales, se trata de devolverles espacios de poder y participación que les fueron usurpados hace más de cinco siglos y que, legítimamente, aún reclaman.

Andrea Busch - Presidenta Acercando Cultura


martes, 22 de abril de 2014

Pachamama, madre tierra algunos... ¡te pedimos perdón!

Pachamama - Blanca Frías

"Einstein dijo, alguna vez:
- Si las abejas desaparecieron, ¿cuántos años de vida le quedarían a la tierra? ¿Cuatro, cinco? Sin abejas no hay polinización, y sin polinización no hay plantas, ni animales, ni gente.
Lo dijo en rueda de amigos.
Los amigos se rieron.
Él no.
Y ahora resulta que en el mundo hay cada vez menos abejas.
Y hoy, DÍA DE LA TIERRA, vale la pena advertir que eso no ocurre por voluntad divina ni maldición diabólica, sino...
... por el asesinato de los montes nativos y la proliferación de los bosques industriales;
por los cultivos de exportación, que prohíben la diversidad de flora;
por lo venenos que matan las plagas y de paso matan la vida natural;
por los fertilizantes químicos, que fertilizan el dinero y esterilizan el suelo,
y por las radiaciones de algunas máquinas que la publicidad impone a la sociedad de consumo.


Eduardo Galeano en "Día de la tierra; El hijo de los días.


Muchas gracias a Blanca Frías por el aporte de esta BELLA imagen de nuestra Pachamama!

lunes, 21 de abril de 2014

Un artista - Manuel Mujica Láinez


21 de abril. En el aniversario número 30 de la muerte del novelista, cuentista y crítico de arte Manuel Mujica Láinez, les compartimos un cuento corto de él; uno de los grandes escritores argentinos de nuestro tiempo:

Un artista

En la "Hostería de la Manzana de Adán" tenían sus cuarteles unos cuantos literatos y desocupados que solían ir a filosofar frente a su bien abastecida chimenea. Era un viejo mesón cuyas paredes morunas, blanqueadas con cal, brillaban a la luz de la luna.

Allí, entre el humo de las pipas y el chocar de los vasos, los bohemios hacían derroche de espíritu y buen humor. Una vez, por mera curiosidad, visité dicho establecimiento.

El interior constaba de una sala en la que cabrían hasta veinte mesas. A la luz vaga de los candelabros, advertíanse apenas los rostros de los jubilosos escritores; pero sonoras carcajadas delataban su presencia. Recuerdo que llamó mi atención un hombre que, con aristocrático desdén, no parecía querer unirse a los demás.

La luz vacilante de un cirio le daba de lleno en el rostro, en el que ponía largas pinceladas de oro. Era alto y fino. Evocaba los lienzos borrosos de Holbein y de los maestros flamencos.

Los lacios cabellos y la barba rubia prestábanle cierto parecido con San Juan Evangelista. Pero lo que más me impresionó fueron sus ojos, maravillosamente puros y azules, llenos de dulzura. Estaba de pie, apoyado contra el dintel de una puerta, y fumaba lentamente en una larga pipa de porcelana alemana. Ignoro de qué modo trabé relación con él. Como por artes mágicas me vi sentado frente a él, ante una mesa en que brillaban dos gruesos vasos de cerveza.

Fijeme, entonces, en su raído traje y en la corbata romántica, anudada con despreocupación, y pensé: un poeta. Era un pintor. Así me lo dijo mientras que, en el desvencijado pianillo, una mujer de grandes ojos rasgados comenzó a tocar un nocturno de Chopin.

Apagáronse los profanos murmullos. Suavemente, con voz musical que parecía seguir el ritmo doloroso del Nocturno, mi pintor habló. Pertenecía a la escuela de los artistas que quieren revivir en sus telas el arte muerto de Bizancio. Con los ojos cerrados, acariciándose la barba, narró el fasto de las opulentas ciudades de Teodora.

Fue un verdadero friso, un bajorrelieve, el que puso ante mis ojos deslumbrados.

Y había en él patriarcas severos, emperadores indolentes y cortesanas suntuosas, envueltos todos en el fulgor extraño de las joyas. Los inmensos palacios de mármol y mosaicos se levantaban, piedra a piedra, en mi imaginación. Veía el brillo de las tierras y el de los pesados anillos en las manos imperiales. Athenais... Irene... Las cúpulas de las basílicas se erigían como metálicos yelmos sarracenos.

Hechizado, lo escuchaba yo. Este hombre era un artista. Un verdadero artista. Hablaba de su arte, de sus ideales, con religioso fervor, como puede un sacerdote hablar de su culto.

Luego, sin transición, fija la mirada en un punto inaccesible, el desconocido me contó su vida, azarosa y miserable. A pesar de su profundo conocimiento de la historia antigua y de sus notables estudios bizantinos, el triunfo no había coronado sus esfuerzos.

Ahora, indiferente, vivía su vida interior sin preocuparse de lo que lo rodeaba. Tenía una gran indulgencia para con todos y su única defensa contra las adversidades y el hastío era encogerse de hombros.

-Ahí tiene usted a esos pobres muchachos -me dijo, señalando un grupo de jóvenes melenudos-. No hay ni uno de ellos que valga y, sin embargo, véalos usted felices, alegres, llamándose "maestro" mutuamente... A veces, vienen y me leen sus versos.

En sus sienes las venas azules y bien marcadas se hinchaban. Yo miraba sus manos de marfil viejo que, exhaustas, descansaban sobre la mesa. Temblaron un poco sus labios finos y sonrió con amargura.

En ese instante, el San Juan Evangelista se borró por completo de mi mente. Me parecía mi interlocutor un soberano oriental, un sátrapa persa, despreocupado y lánguido, como esos cuyo perfil voluptuoso se esfuma suavemente en las viejas monedas de oro del Asia Menor.

Se levantó y me dio la mano. Partía. Díjome que se llamaba Diego Narbona y vivía allí cerca. Quedé solo en mi mesa. Allá lejos, la chimenea murmuraba su triste cantar.

El humo era tan espeso que parecía envolvernos una densa niebla. Del grupo de los jóvenes melenudos uno recitaba... Mon âme est une Infante en robe de parade. Yo pensaba en mi pintor. Veíalo revistiendo el manto imperial de Justiniano, y elevando, con las manos cargadas de anillos, una pesada diadema. Una mujer hermosísima, hincada ante él, aguardaba el instante solemne de la coronación. Y esa mujer era la Belleza.

Aux pieds de son fautiel allongés noblement, deux lévriers d'Ecosse aux yeux mélancoliques...

Alguien, con el pie, marcaba el fin de cada verso. Detrás del mostrador, la hostelera miraba con admiración a sus parroquianos. A veces sonreía, mostrando un diente negro.

Encima de una mesa descansaba un grueso Diccionario Enciclopédico, y un muchachito pecoso lo hojeaba lentamente, leyendo por lo bajo: "Asur... Asur... Asurbanipal..." Despertándome bruscamente de un sueño recién comenzado, la puerta de entrada se abrió de par en par, y una mujer joven y bonita entró, llorando desesperadamente.

Su brazo sangraba.

-¿Otra vez aquí? -gruñó la mesonera de malhumor.

El más joven de los poetas se acercó a ella.

-¿Te ha pegado de nuevo? -dijo.

-Sí... Porque dejé que se quemara la tortilla...

Yo me aproximé. Parecíame imposible que un hombre pudiera maltratar a una mujer tan frágil... ¡Ah! Si mi amigo el pintor estuviera aquí, ¡cómo sabría consolarla! ¡Con qué suaves inflexiones de voz calmaría...! Compasivo, me acerqué más aún.

Ideas vengativas cruzaron por mi cerebro al verla tan bella, tan débil.

-¿Cómo se llama su marido? -rugí.

Ella levantó hacía mí sus ojos claros y azules que me recordaban otros dos ojos claros y azules, llenos de dulzura y pureza:

-Diego Narbona -me dijo...

FIN

sábado, 19 de abril de 2014

Monumento a la madre: ¿de dónde viene?




VIERNES, 17 DE OCTUBRE DE 2008
Dia de la Madre- Para todos nosotros un regalo de Gaby la hija de Julia. Me llegó por mail un saludo de Gaby, la hija de Julia.

En los años 40 se gestó el Club de Niños Norma y Susana, iniciativa de un educador, Rouget Oscar Espinosa, docente en la Escuela Nº 18, de avenida Independencia y Formosa, que agrupó con fines didácticos a niños marplatenses con el más diverso tipo de inquietudes.

De esa agrupación surgió la idea, rápidamente difundida. Ese grupo de niños movilizó, insuflándole su propio entusiasmo y amor, a toda la población marplatense, con aportes humildes que hicieran posible la erección de un monumento a la madre, como un testimonio de amor, sin distinción de razas ni credos. El prolongado período -dos años- culminó con la decidida participación del Municipio, cuyo Concejo Deliberante votó una partida para afrontar la empresa. El llamado a concurso reunió a consagrados escultores. Radogna, que había realizado en piedra el rostro de Ameghino implantado en Punta Iglesia; Manuel de Llano, autor del bronce que perpetúa en la Chacarita la figura de Carlos Gardel. La opción fue para el proyecto de José Alonso, también radicado en la ciudad, y se dispuso su ubicación en la Plaza Mitre, en la manzana que limitan Colón, Mitre, Brown y San Luis, donde después se realizaran trabajos subterráneos para Obras Sanitarias, lo que motivó su desplazamiento hasta el lugar que ocupa actualmente, en el otro sector de la plaza que da sobre la avenida Colón, en su intersección con Hipólito Irigoyen"

Ella quiere hacer un homenaje al grupo, en el día de la madre, destacando la existencia en nuestra ciudad de una obra que le rinde tributo. Nos manda un texto breve pero descriptivo del Monumento a la Madre localizado en la plaza Mitre. "El monumento a La Madre Universal fue inaugurado el domingo 15 de Octubre de 1950 y constituye un motivo de orgullo para los marplatenses. Por su significación y por su origen. Por ser el primer testimonio de esa naturaleza en América Latina y porque fue la consecuencia de un movimiento popular que se generalizó en toda la población, pero que en los niños tuvo inspiración.

19 de Abril - Día del aborigen americano

Carlos Martínez Sarasola, en la introducción a su libro Los hijos de la tierra, se pregunta y nos pregunta:

¿Quiénes somos los argentinos?

Una sociedad que cambia

Cuando los argentinos nos preguntamos quiénes somos, muchas veces olvidamos parte de nuestra historia. Siempre tenemos presente la gran inmigración de las últimas décadas del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, ese aluvión de europeos del que desciende gran parte de la actual población del país. Pero solemos olvidar que antes de la llegada de los inmigrantes la Argentina tenía una raíz hispano-indígena, formada cuando los conquistadores se encontraron con las comunidades indígenas. Y antes de que llegaran los españoles, desde muchísimo antes, nuestro territorio estuvo poblado por sus habitantes originales, los indios. Este es un dato que muy pocas veces se tiene en cuenta: cuando llegaron los españoles, nuestros indios hacía más de diez mil años que estaban viviendo aquí.

En el siglo XVI, los indígenas se enfrentaron al conquistador español. Muchos de ellos se transformaron en una cultura de la resistencia, y siguieron viviendo libres en sus territorios durante siglos, pero muchos otros iniciaron el proceso de mestizaje, unión de europeos y americanos, de la que surgió la primera formación cultural de nuestra sociedad, en general ocultada, cuando no negada. Al final de aquel período se sumó el componente africano, que tuvo importancia hasta fines del siglo XIX, para desaparecer después.

Ya en el siglo XX, los inmigrantes se fusionaron con la población criolla y echaron raíces en este suelo. Las migraciones internas de las décadas 1940 y 1950 pusieron en contacto a la gente del interior (indígenas o mestizos) con la de las grandes ciudades (criollos y de origen inmigrante) a las que se suman los migrantes de países limítrofes –muchos también de origen indígena-, las comunidades aborígenes y las colonias de extranjeros afincados en distintos puntos del país. El desafío es tomar conciencia de pertenecer a una comunidad nueva que es la Argentina.

La sociedad argentina y los indígenas.
Si bien los indígenas en la Argentina no son tan numerosos como en otros países, constituyen de todas maneras un sector importante de nuestra sociedad, que ha participado de momentos decisivos de la vida nacional.

En nuestros días, las comunidades indígenas argentinas son parte integrante de nuestra cultura y en cuanto tal deben ser recuperadas, valoradas y respetadas.

En la Argentina viven hoy cerca de medio millón de indígenas, la mayoría de ellos en condiciones de extrema pobreza y marginalidad. Devorados por enfermedades, sin educación, sin las más elementales posibilidades de desarrollo , superan el desamparo por propia iniciativa (a través de organizaciones comunitarias y/o asociaciones a nivel nacional) y algún apoyo de instituciones del Estado o privadas. Pero están solos, y la sociedad todavía no acierta a coordinar los esfuerzos en su favor.

Recuperar lo que somos
Los argentinos tenemos que reconocer y asumir nuestra parte negada americana, que hemos venido ocultando durante tanto tiempo. Cuando lo hagamos, podremos aceptar las diferencias  y entender que somos una síntesis de Europa y América.
Ahí encontraremos una respuesta a la pregunta por nuestra identidad: somos una sociedad con gente diferente, una sociedad que se está construyendo, trabajo en el que todos tenemos que poner una parte…..

Fuente: 
Martínez Sarasola, Carlos. Los hijos de la tierra. Historia de los indígenas argentinos. Emecé editores.